jueves, mayo 26, 2005

Una sociedad en crisis (2)

Ha vuelto a ocurrir, otro adolescente ha llegado a quitarse la vida al parecer por no poder soportar más el acoso de sus propios compañeros.
Lo peor es que no son sino los casos extremos de una situación que se está creando silenciosa e inexorablemente desde hace varios años: Jóvenes sin escrúpulos que acosan violentamente a los demás, ya sean sus compañeros, sus profesores o hasta a sus mismos padres. ¿Qué está pasando para que chicos tan jóvenes alcancen esos niveles de desprecio por los demás?.
Hay quien dice que ven demasiada violencia en la tele, o que fallan los profesores o los padres. En mi opinión se trata de un problema más amplio, la sociedad española en general ha sufrido un proceso de pérdida de autoridad, de desarme frente a los adolescentes problemáticos como consecuencia de la reacción extrema que ha experimentado la generación que vivió la transición democrática frente al excesivo autoritarismo que impregnaba los valores de la sociedad franquista, unido a una degradación de los modelos o referentes que se ofrecen a los jóvenes.
Es cierto que tanto en televisión como en videojuegos la violencia está siempre presente, pero nosotros crecimos viendo "westerns", pelis de guerra o de "gansters" y nuestros juguetes (de los chicos al menos) siempre incluían pistolas o tanques, pero en todas esas historias estaba siempre claro el tratamiento de la figura negativa. Ahora en cambio abundan los antihéroes simpáticos y triunfadores, pero violentos y llenos de egoísmo y desprecio por los valores sociales. No es la visión de violencia en sí misma lo dañino, sino la confusión de roles.
En la misma línea veo la estética pandillera de los gupos raperos y hip-hop. Todo esto es una realidad, está ahí y no soy partidariode censuras, pero al menos no debería alentarse y sí considerarse como perturbador de la educación de los menores.
El sistema educativo, sin duda, hace aguas por todas partes, sin embargo los sucesivos responsables se limitan a cambiar los planes de estudio sin darse cuenta que la educación no es para los menores una necesidad perceptible como el alimento. No basta con llevarles hasta ella, hay que arbitrar las medidas necesarias para que la reciban aún sin que les apetezca y eso pasa inevitablemente por reforzar la autoridad de los profesores. Hoy en día no son sólo alumnos los que se sienen intimidados por adolescentes antisociales, los maestros también sienten miedo de ellos y se ven impotentes para corregir actitudes violentas.
Con los padres pasa algo parecido: Su autoridad se ha visto socavada por una corriente generalizada de permisividad total con los hijos, por ejemplo se ha criminalizado el castigo físico en aras del diálogo con ellos; (es un error, ni una cosa es incompatible con la otra ni castigo físico es igual a maltrato. Mis padres me educaron con amor y fui totalmente feliz con ellos, pero si me gané una torta me la dieron, ya otra cosa, mariposa, que ni yo ni nadie nos hemos traumatizado nunca por un castigo JUSTO Y PROPORCIONADO y lo pongo en mayúsculas por que éstas son las claves reales de la corrección de un castigo, no su naturaleza de físico, psicológico o de privación)
Corregir todos estos problemas es una tarea ímproba ya que, como digo, impregnan la sociedad en forma de teoría dominante sobre lo correcto de la permisividad y lo negativo de la autoridad. Dicen que las sociedades oscilan en sus comportamiento como péndulos, pasando de un extremo al otro pero desplazándose cada vez menos hasta quedar estables en el centro. Entre todos podríamos frenar la deriva irracional de esta "ley" si nos esforzamos en no dejarnos llevar y pensamos que no todo lo que está de moda tiene que ser lo mejor exigiendo, aunque esté mal visto, que se empiece ya a imponer un reforzamiento de la autoridad de los responsables de la educación de los jóvenes para que éstos no acaben como jaurias de perros asilvestrados.