lunes, mayo 23, 2005

La pinza nacionalista

De nuevo tenemos al ínclito Carod en candelero. Su negativa a participar en un acto público en el que no figuraba la senyera, la posterior retirada de la bandera española de otro al día siguiente y, para redondear el pastel, la foto con la corona de espinas, han levantado un alud de críticas que tal no se viera si lo hubiesen pillado en un burdel pagado a costa del erario público.
¿Realmente son estos actos tan terribles?.
Veamos el primero: Un acto oficial de la Generalitat catalana, en el que no figura la bandera oficial catalana es sin duda un error garrafal de alguien; visto desde la perspectiva de un nacionalista no es de extrañar un gesto de protesta.
Luego la retirada de la bandera española: Sal sobre la herida, pero no fue Rovira quien la retiró.
Por último el asunto de la corona de espinas ¿Mofa de la religión o simplemente una broma de turistas?
Creo que un análisis sereno de los hechos revela que la dimensión del asunto es realmente pequeña. Las típicas chapuzas organizativas "made in spain" y la desgraciada costumbre de nuestra clase política de confundir lo público con lo suyo, sazonadas con mucha intransigencia y, en mi opinión, una interesada campaña mediática destinada a exacerbar las sensibilidades nacionalistas, las dos, la españolista y la catalanista, pues todo nacionalismo siempre necesita de otro de quien sentirse agraviado y pronto el catalanista reaccionará ante la "injusta agresión a uno de los nuestros" iniciando su propia campaña y cogiéndonos a los ciudadanos que no creemos que nada bueno puede salir de la confrontación con el vecino en una pinza de agravios más buscados que soportados.
Lo realmente necesario sería una reprobación del Parlament de Catalunya por la pérdida de decoro de unos representantes suyos en un viaje que tenía por motivo algo tan serio como un homenaje a un personaje asesinado, claro que esto sucedería en un sistema en el que se pudieran exigir responsabilidades políticas a los gobernantes, no en el nuestro.